GPS - Recurso C: El mundo al revés

  • Vengo por lo del anuncio, señora.
  • Bien - dice la jefa de personal -. Siéntese. ¿Cómo se llama usted?
  • Bernardo...
  • ¿Señor o señorito?
  • Señor
  • Déme su nombre completo.
  • Bernardo Delgado, señor de Pérez.
  • Debo decirle, señor de Pérez que a nuestra dirección no le gusta emplear varones casados. En el departamento de la señora Moreno, para el cual contratamos al personal, hay varias personas por baja de paternidad. Es legítimo que las parejas jóvenes quieran tener hijos, - nuestra empresa, que fabrica ropa de bebé, les anima a que tengan hijos -, pero el absentismo de los futuros padres constituye un duro handicap para la empresa.
  • Lo comprendo, señora, pero ya tenemos dos niños y no quiero más. Además,- el señor de Pérez se habla en voz baja -, tomo la píldora.
  • Bien, en ese caso sigamos. ¿Qué estudios tiene usted?
  • Tengo el Graduado y el primer grado de Formación profesional de administrativo. Me habría gustado terminar el Bachillerato pero en mi familia éramos cuatro y mis padres dieron prioridad a las chicas, lo que es muy normal. Tengo una hermana coronela y otra mecánica.
  • En ¿qué ha trabajado usted últimamente?
  • Básicamente he hecho sustituciones, ya que me permitía ocuparme de los niños cuando eran pequeños.
  • ¿Qué profesión desempeña su esposa?
  • Es jefa de obras de una empresa de construcciones metálicas. Pero está estudiando ingeniería, ya que en un futuro tendrá que sustituir a su madre, que es la que creó el negocio.

El señor Pérez salió de la oficina lleno de esperanza. La jefa de personal se fijó en él al marcharse. Tenía las piernas cortas, la espalda un poco encorvada y apenas tenía cabello. <<La señora Moreno detesta a los calvos>>, recordó la responsable de contratación. Y además, le había dicho. <<Más bien quiero uno alto, rubio, con buena presencia y soltero>>. Bernardo Delgado, señor de Pérez, recibió tres días más tarde una carta que empezaba diciendo: <<Lamentamos... >>

Fuente: France de Lagarde. LE MONDE, 28-29 septiembre 1975 (texto recogido por Enriqueta García y Aguas Vivas Catalá).

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