Preguntas sobre la orientación sexual y la identidad de género en las políticas de Igualdad
¿Qué hace el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz en materia de diversidad sexual y de género?
Puedes consultarlo en: vitoria-gasteiz.org/diversidad-sexual-genero.
Soy una persona trans y deseo cambiarme el nombre en la Tarjeta Municipal Ciudadana (TMC)
Consulta aquí qué procedimiento tienes que seguir.
¿Qué debo hacer si soy víctima de una agresión LGTBI-fóbica o la presencio?
En esta página puedes consultar los protocolos y recursos para atender y acompañar a las víctimas de violencia machista: contra las mujeres (violencia sexista) y contra las personas LGTBI (violencia LGTBI-fóbica).
¿Cómo puedo aprender más sobre diversidad sexual y de género?
Entra en este enlace. En él están recogidas las conferencias que han tenido lugar en la Escuela para el Empoderamiento Feminista de Vitoria-Gasteiz, desde la primera edición, y que tratan sobre la orientación sexual y la identidad de género, muchas veces puestas en relación con otros ámbitos, como el asilo o el refugio, las políticas públicas, el envejecimiento, la salud o el arte.
También figuran las publicaciones editadas por el Servicio de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.
También figuran las publicaciones editadas por el Servicio de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.
¿Por qué Ekin! V Plan para la Igualdad de Género en Vitoria-Gasteiz 2023-2030 es más inclusivo?
El Plan Ekin! no formula sólo una agenda para la igualdad de mujeres y hombres en el municipio, sino que considera la orientación sexual y la identidad de género como constitutiva de género y como fuentes estructurales de desigualdad para las personas con géneros o sexualidades no normativas: las personas LGTBI.
Asimismo, el abordaje de la diversidad sexual y de género repara en otras fuentes estructurales de discriminación, como la clase social, la edad, el origen cultural, la discapacidad…, que interactúan con el sistema sexo-género.
Asimismo, el abordaje de la diversidad sexual y de género repara en otras fuentes estructurales de discriminación, como la clase social, la edad, el origen cultural, la discapacidad…, que interactúan con el sistema sexo-género.
¿Qué excluye el patriarcado?
El patriarcado y el sistema sexo-género normativo han excluido a muchas personas y grupos debido a su sexo, género y deseo.
Es necesario reconocer y tomar conciencia de dichas exclusiones para incorporar en nuestras prácticas a esos sectores de población y llevar a cabo un trabajo más inclusivo y radical, entendiendo por radical aquello que va a la raíz del problema, es decir a la raíz del sistema que sostiene esas opresiones (Garaizabal, 2014).
Es necesario reconocer y tomar conciencia de dichas exclusiones para incorporar en nuestras prácticas a esos sectores de población y llevar a cabo un trabajo más inclusivo y radical, entendiendo por radical aquello que va a la raíz del problema, es decir a la raíz del sistema que sostiene esas opresiones (Garaizabal, 2014).
¿Qué es el sistema sexo/género?
Según el sexo, la norma cataloga a las personas en hembras o machos, dicotomía que excluye a las personas intersexuales.
Además, el sistema sexo-género normativo divide a las personas en dos únicos géneros (mujer femenina y hombre masculino) y asigna a cada género una determinada identidad o expresión. Esta división también crea exclusiones, que perjudican a las personas trans, travestis, transgénero, drag, queer, hombres femeninos, mujeres masculinas, etc.
En cuanto a la dimensión de la sexualidad, la norma impone la heterosexualidad, excluyendo a lesbianas, homosexuales, bisexuales, personas poliamorosas, asexuales, etc.
La norma, asimismo, vincula las tres dimensiones, de tal manera que determina que una hembra tiene que ser una mujer femenina y heterosexual y un macho, un hombre masculino heterosexual.
En consecuencia, toda persona que se salga de los mandatos de la norma sexual y de género (cisheteronormatividad), se verá expuesta a potenciales discriminaciones.
Además, el sistema sexo-género normativo divide a las personas en dos únicos géneros (mujer femenina y hombre masculino) y asigna a cada género una determinada identidad o expresión. Esta división también crea exclusiones, que perjudican a las personas trans, travestis, transgénero, drag, queer, hombres femeninos, mujeres masculinas, etc.
En cuanto a la dimensión de la sexualidad, la norma impone la heterosexualidad, excluyendo a lesbianas, homosexuales, bisexuales, personas poliamorosas, asexuales, etc.
La norma, asimismo, vincula las tres dimensiones, de tal manera que determina que una hembra tiene que ser una mujer femenina y heterosexual y un macho, un hombre masculino heterosexual.
En consecuencia, toda persona que se salga de los mandatos de la norma sexual y de género (cisheteronormatividad), se verá expuesta a potenciales discriminaciones.
¿Por qué usamos el acrónimo LGTBI?
Frente a las incomodidades que genera la utilización de etiquetas que aglutinan —por no dar cuenta de la heterogeneidad que esconden—, el uso del acrónimo LGTBI posee un potencial transformador.
Constituye una herramienta de cambio, tanto personal como colectiva, que hace que las personas LGTBI sean parte del sistema y puedan incidir en el mismo.
El uso estratégico de esta etiqueta permite, también, combatir la opresión. Por eso decimos que el acrónimo LGTBI es una “ficción necesaria”, más allá —insistimos— de que reconocemos la existencia de más orientaciones sexuales e identidades de género cuyas siglas no están presentes en este acrónimo. (Coll-Planas, 2010).
Constituye una herramienta de cambio, tanto personal como colectiva, que hace que las personas LGTBI sean parte del sistema y puedan incidir en el mismo.
El uso estratégico de esta etiqueta permite, también, combatir la opresión. Por eso decimos que el acrónimo LGTBI es una “ficción necesaria”, más allá —insistimos— de que reconocemos la existencia de más orientaciones sexuales e identidades de género cuyas siglas no están presentes en este acrónimo. (Coll-Planas, 2010).
¿Qué significa cada una de las siglas LGTBI?
Lesbianas y gais: Personas no heterosexuales cuyos principales intereses emocionales, psicológicos, sociales y sexuales se dirigen a otras personas del mismo sexo o género, aunque no estén abiertamente expresados.
Esos intereses no tienen por qué estar ligados entre sí ni tener la misma fuerza en todas las personas. Integra a aquellas que, por contexto histórico, se definen como ‘homosexuales’ más que como ‘gais’ y a aquellas otras que, por opción política, se autodesignan ‘maricas’ o ‘bolleras’ como una forma de reivindicar los insultos que la sociedad vierte habitualmente sobre ellas.
Trans: Este término paraguas subraya la diversidad de las vivencias de las personas que exceden las normas sobre lo que se prescribe como propio de mujeres y hombres, que evidencian la rigidez del sistema binario de géneros en el que vivimos (Platero, 2014).
Se refiere a personas transexuales, transgénero, travestis, con identidades de género cambiantes, fluidas y creativas, que han puesto en cuestión el género asignado de nacimiento, con independencia de que haya accedido a procesos de hormonación o a una operación de reasignación de género.
Bisexuales: Personas que sienten atracción romántica o sexual hacia personas de su mismo género y hacia otros géneros.
A lo largo de su historia, la palabra ‘bisexualidad’ ha tenido diversas acepciones. Al principio, nombraba la atracción hacia hombres y mujeres, pero este binarismo tan pronunciado obviaba que la realidad es más diversa. Por eso, en los años 90 se empieza a utilizar la palabra ‘pansexual’ en referencia a la atracción romántica o sexual hacia personas de cualquier sexo o identidad de género.
Intersexuales: Personas que nacen con un sexo ambiguo que no es fácil de categorizar como femenino o como masculino poniendo, así, en cuestión el binarismo de sexos.
Nuestra sociedad—cisheteropatriarcal— exige que mostremos un único sexo verdadero con su género correspondiente —macho/masculino; hembra/femenino— y una sexualidad ajustada a la norma natural de la heterosexualidad (Gregori, 2015).
La existencia de personas intersexuales demuestra que, en el plano biológico, existe una considerable variedad de sexos y que la división entre masculino y femenino no es tan clara.
En términos biológicos se puede afirmar que el sexo es un continuo amplio que sobrepasa las categorías macho/hembra. El ideal es pensar que, al desafiar la norma de los dos sexos, se ha desmantelado la coherencia dos sexos/dos géneros/dos sexualidades (Gregori, 2015).
En definitiva, las personas intersexuales convierten en problemática las asignaciones de sexo al nacer y plantean retos de cambio a nuestro sistema sexo-género.
Esos intereses no tienen por qué estar ligados entre sí ni tener la misma fuerza en todas las personas. Integra a aquellas que, por contexto histórico, se definen como ‘homosexuales’ más que como ‘gais’ y a aquellas otras que, por opción política, se autodesignan ‘maricas’ o ‘bolleras’ como una forma de reivindicar los insultos que la sociedad vierte habitualmente sobre ellas.
Trans: Este término paraguas subraya la diversidad de las vivencias de las personas que exceden las normas sobre lo que se prescribe como propio de mujeres y hombres, que evidencian la rigidez del sistema binario de géneros en el que vivimos (Platero, 2014).
Se refiere a personas transexuales, transgénero, travestis, con identidades de género cambiantes, fluidas y creativas, que han puesto en cuestión el género asignado de nacimiento, con independencia de que haya accedido a procesos de hormonación o a una operación de reasignación de género.
Bisexuales: Personas que sienten atracción romántica o sexual hacia personas de su mismo género y hacia otros géneros.
A lo largo de su historia, la palabra ‘bisexualidad’ ha tenido diversas acepciones. Al principio, nombraba la atracción hacia hombres y mujeres, pero este binarismo tan pronunciado obviaba que la realidad es más diversa. Por eso, en los años 90 se empieza a utilizar la palabra ‘pansexual’ en referencia a la atracción romántica o sexual hacia personas de cualquier sexo o identidad de género.
Intersexuales: Personas que nacen con un sexo ambiguo que no es fácil de categorizar como femenino o como masculino poniendo, así, en cuestión el binarismo de sexos.
Nuestra sociedad—cisheteropatriarcal— exige que mostremos un único sexo verdadero con su género correspondiente —macho/masculino; hembra/femenino— y una sexualidad ajustada a la norma natural de la heterosexualidad (Gregori, 2015).
La existencia de personas intersexuales demuestra que, en el plano biológico, existe una considerable variedad de sexos y que la división entre masculino y femenino no es tan clara.
En términos biológicos se puede afirmar que el sexo es un continuo amplio que sobrepasa las categorías macho/hembra. El ideal es pensar que, al desafiar la norma de los dos sexos, se ha desmantelado la coherencia dos sexos/dos géneros/dos sexualidades (Gregori, 2015).
En definitiva, las personas intersexuales convierten en problemática las asignaciones de sexo al nacer y plantean retos de cambio a nuestro sistema sexo-género.
¿Qué es el enfoque interseccional?
Es un enfoque sociológico que propone y examina cómo diferentes categorías de discriminación, construidas social y culturalmente, interactúan en ámbitos múltiples y simultáneos.
Subraya que el género, la etnia, la edad, la discapacidad, la orientación sexual y la identidad de género, entre otras categorías sociales, son construidas y están interrelacionadas, no actúan de forma independiente unas de otras y crean un sistema de opresión que refleja la intersección de múltiples formas de discriminación.
Se trata de una mirada compleja que contribuye a evidenciar las estrategias de poder, las normas sociales naturalizadas y los efectos no deseados de las políticas públicas o del activismo.
La interseccionalidad supone abordar desde todos los lugares la diversidad de dominaciones y de privilegios que existen en las vidas de las personas y en los colectivos, así como las estrategias de afrontamiento que se ponen en marcha frente a las situaciones de opresión. (Platero, 2012).
Subraya que el género, la etnia, la edad, la discapacidad, la orientación sexual y la identidad de género, entre otras categorías sociales, son construidas y están interrelacionadas, no actúan de forma independiente unas de otras y crean un sistema de opresión que refleja la intersección de múltiples formas de discriminación.
Se trata de una mirada compleja que contribuye a evidenciar las estrategias de poder, las normas sociales naturalizadas y los efectos no deseados de las políticas públicas o del activismo.
La interseccionalidad supone abordar desde todos los lugares la diversidad de dominaciones y de privilegios que existen en las vidas de las personas y en los colectivos, así como las estrategias de afrontamiento que se ponen en marcha frente a las situaciones de opresión. (Platero, 2012).
¿Qué tiene que ver la LGTBIfobia con el machismo?
Tradicionalmente, la lucha contra las desigualdades entre hombres y mujeres y la lucha contra la LGTBI-fobia se han tratado por separado. Sin embargo, ambas tienen una misma raíz: el machismo.
Cada agresión y cada asesinato nos recuerda que existe una férrea jerarquía de géneros que debe ser mantenida para la pervivencia de las desiguales posiciones de poder que mujeres y hombres ocupan en una sociedad donde impera la norma sexual y de género (cisheteronormatividad).
En condiciones de heterosexualidad normativa vigilar el género, en ocasiones, se utiliza como una forma de afirmar la heterosexualidad (Butler, 2001).
Si la violencia contra las mujeres es usada para mantener un orden social de subordinación de las mujeres respecto a los hombres, la violencia contra las personas LGTBI es usada para mantener las fronteras entre lo masculino y lo femenino (González Pérez, 2016). Ambas violencias forman parte de un sistema que refuerza las relaciones estructurales del género normativo.
Es el machismo el que nos obliga en función de nuestro sexo: nos atribuye un género, unos roles y presupone que tenemos que ser complementarios en cuanto a la orientación sexual (Coll-Planas, 2013). Desde este punto de vista, la LGTBI-fobia afecta a todas las personas y funciona presionando para limitar la pluralidad de sexualidades que podemos vivir y los géneros que queremos habitar.
Cada agresión y cada asesinato nos recuerda que existe una férrea jerarquía de géneros que debe ser mantenida para la pervivencia de las desiguales posiciones de poder que mujeres y hombres ocupan en una sociedad donde impera la norma sexual y de género (cisheteronormatividad).
En condiciones de heterosexualidad normativa vigilar el género, en ocasiones, se utiliza como una forma de afirmar la heterosexualidad (Butler, 2001).
Si la violencia contra las mujeres es usada para mantener un orden social de subordinación de las mujeres respecto a los hombres, la violencia contra las personas LGTBI es usada para mantener las fronteras entre lo masculino y lo femenino (González Pérez, 2016). Ambas violencias forman parte de un sistema que refuerza las relaciones estructurales del género normativo.
Es el machismo el que nos obliga en función de nuestro sexo: nos atribuye un género, unos roles y presupone que tenemos que ser complementarios en cuanto a la orientación sexual (Coll-Planas, 2013). Desde este punto de vista, la LGTBI-fobia afecta a todas las personas y funciona presionando para limitar la pluralidad de sexualidades que podemos vivir y los géneros que queremos habitar.
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