Se habla de estrés hídrico cuando la demanda de agua supera a la cantidad disponible durante un periodo de tiempo determinado, o cuando su uso se ve limitado por su baja calidad.
Noticia publicada el 5 de septiembre de 2025
Sus principales causas son el aumento del consumo de agua, asociado al crecimiento de las poblaciones urbanas y a la mejora en el nivel de vida a nivel global, y la reducción de su disponibilidad, originada sobre todo por la contaminación y la sequía. Como consecuencia, se produce una sobreexplotación de las fuentes de agua (ríos y acuíferos), que ven deteriorarse su calidad, lo que impacta directamente en nuestro modelo económico y social, con implicaciones sobre la salud y la seguridad alimentaria.
Se estima que alrededor del 20% de la población europea corre un alto riesgo de sufrir estrés hídrico para el año 2050. España y la región mediterránea serán las zonas que se verán más afectadas.
¿Cómo combatir el estrés hídrico?
Reducir la vulnerabilidad a eventos extraordinarios como inundaciones o sequías, pero también ante escenarios donde el estrés hídrico se convierta en estructural, debe formar parte de la estrategia de los operadores de agua. Para ello, es preciso realizar una gestión sostenible de los recursos hídricos, que implica invertir en planes de resiliencia y adaptación que evalúen los riesgos hidroclimáticos, priorizar el cuidado de las fuentes de suministro, acelerar la transición a una economía circular, impulsar la innovación y la adopción de nuevas tecnologías, fortalecer la gobernanza en la gestión del agua e insistir en la educación ambiental y la formación.
Fruto de esta preocupación, la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS), a la que pertenece AMVISA, acaba de presentar una guía para la adaptación de los sistemas de agua urbana al cambio climático. La publicación propone un marco metodológico para incorporar la adaptación climática a la gestión del ciclo urbano del agua e intervenir desde el diseño hasta el seguimiento de actuaciones en el ámbito del abastecimiento, el saneamiento y la depuración.
También es importante la contribución e implicación ciudadana en el uso responsable del agua, adoptando hábitos eficientes dirigidos a consumir lo imprescindible y reducir nuestra huella hídrica.
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